Qué Significa Las Palabras Que Dijo Jesús En La Cruz

Qué Significa Las Palabras Que Dijo Jesús En La Cruz

Reflexionar sobre las palabras que Jesús pronunció en la cruz durante su dolorosa agonía es una práctica común en el Viernes Santo, especialmente después del mediodía. Estas palabras tienen un significado profundo y nos invitan a reflexionar sobre el sacrificio de Cristo por nosotros.

Según los Evangelios, Jesús pronunció una serie de palabras mientras estaba en la cruz durante su crucifixión. Estas palabras son consideradas significativas y se les atribuye un profundo sentido espiritual. A continuación, se presenta una lista de las palabras que Jesús dijo en la cruz según los relatos bíblicos:

En la cruz, Jesús pronunció palabras llenas de significado y profundidad. En primer lugar, pidió perdón para aquellos que lo crucificaron, reconociendo su ignorancia en cuanto a las consecuencias de sus acciones. Demostrando su amor y misericordia infinita, Jesús prometió al criminal arrepentido que estaría con él en el Paraíso ese mismo día.

Además, Jesús mostró preocupación por su madre y Juan al decir: “Mujer, ahí tienes a tu hijo. Ahí tienes a tu madre”. Con estas palabras, confió el cuidado de su madre a Juan como si fuera su propio hijo.

Sin embargo, también experimentó un momento de profunda angustia cuando exclamó: “¡Dios mío! ¡Dios mío!, ¿por qué me has abandonado?”. Esta expresión revela la carga inmensa que llevaba sobre sí mismo al cargar con los pecados del mundo entero.

A medida que se acercaba el final de su vida terrenal, Jesús manifestó una necesidad física básica diciendo: “Tengo sed”. Aunque esto puede parecer simple e insignificante en comparación con todo lo demás que estaba pasando en ese momento crucial, muestra la humanidad plena de Cristo.

Finalmente, antes de exhalar su último aliento en la cruz gritó: “Todo está cumplido”, indicando así que había completado perfectamente la obra redentora para la cual fue enviado por Dios Padre.

Concluyendo este acto supremo de entrega total y confianza absoluta en Dios Padre dijo: “Padre,en tus manos encomiendo mi espíritu”. Estas palabras reflejan una fe inquebrantable y una rendición total a la voluntad divina.

Primer Palabra de Cristo en la Cruz: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen” ( Lc 23,34 )

En la Cruz, Jesús pronunció su primera palabra para pedir perdón. En medio de un dolor indescriptible, expresó su amor y suplicó el perdón al Padre. No había otro lugar al que pudiera acudir, ya que provenía de Él y a Él regresaba. La presencia de Jesús en este mundo encontró su culminación en la Cruz.

Todo el camino miraba a entregarnos el perdón divino. Ahora lo suplica. Pide perdón por nosotros. El corazón no se agota. Mira al Padre y mira al hombre. Y Él, que sí sabe lo que hacemos, que sí puede experimentar el dolor del error y del fracaso humano, que capta como nadie la fractura terrible entre Dios y el hombre, la repara con un murmullo apenas perceptible. Padre, perdónanos.

Te rogamos desde la Cruz, a la cual estamos unidos por el Bautismo. La Cruz de tu misericordia, que nos ha marcado como propiedad de tu amado Hijo. Y así como el Señor lo hizo, también nos atrevemos a pedir perdón por aquellos que te ofenden junto a nosotros. Jesús no pidió perdón por sí mismo, ya que no tenía ninguna mancha en Él. Pero pidió perdón en nuestro nombre. Nosotros pedimos perdón por nuestras propias faltas y también mostramos solidaridad con toda la humanidad necesitada de redención. Nos unimos al clamor del Hijo que suplica desde el corazón del mundo: Padre, perdona a la humanidad…

Segunda Palabra de Cristo en la Cruz: “Yo te aseguro: hoy estarás conmigo en el Paraíso” ( Lc 23,43 )

En la segunda de las 7 Palabras de Jesús en la Cruz, se encuentra una promesa. Después de sufrir rechazos y ser herido cruelmente, una voz débil pronuncia una confesión tardía de fe: “Recuérdame cuando vengas a tu Reino”.

La misericordia divina siempre está disponible, sin importar cuán desesperada sea la situación. Incluso cuando todos han dado por perdido a alguien y el mundo ha emitido su juicio implacable, el pasado se borra y solo queda un presente que también será un futuro interminable: la eternidad.

El juicio celestial se invierte. Frente a la Cruz de Jesucristo, en el sacrificio personal, una oración humilde une dos cruces en un abrazo redentor. Solo recordaremos el pasado cuando haya sido transformado por el amor. Las heridas dolorosas del pecado se convierten en puntos luminosos.

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El horizonte del Paraíso es nuestra única esperanza, Jesús. Nos encontramos sumidos en una oscuridad profunda y sin salida. Te pedimos que no nos olvides, que te acuerdes de mí. Anhelamos tu Reino, deseamos fervientemente que vengas y te acuerdes de nosotros.

Tercer Palabra de Cristo en la Cruz: “Mujer, ahí tienes a tu hijo. Ahí tienes a tu madre” ( Jn 19,26-27 )

Un gesto lleno de amor. Una misericordia que no necesita explicación. Ante la presencia de su madre, no hay necesidad de justificarse. Tampoco ante el discípulo amado, ni ante un amigo. Benditos son aquellos que te han criado y cuidado desde pequeño. Bendito es aquel que sigue fielmente la voluntad de Dios. En ese momento en la Cruz, una nueva familia se forma, donde el dolor no se oculta pero las lágrimas son secadas con ternura y cariño infinitos. Ámense unos a otros sin cesar. Aunque ya no esté físicamente presente entre ustedes, me encontrarán en su amor perseverante. Cuídense mutuamente y asuman la responsabilidad del bienestar del otro y también de toda la Iglesia..

En el hogar, la Casa se representa como una muestra diaria de afecto. La Iglesia, el cielo y la familia son conceptos interconectados. Les insto a mantener siempre presente el gesto cariñoso, la sonrisa y el apoyo mutuo. A través de un simple encuentro visual, todos los sufrimientos pueden superarse en un instante en el que brilla intensamente la compasión. Nada llega a su fin realmente; todo está comenzando nuevamente.

El Viernes Santo es un día muy importante dentro del Triduo Pascual, que se celebra en la Semana Santa. Durante este día, recordamos y reflexionamos sobre la crucifixión de Jesús en la cruz. Es un momento de profunda tristeza y dolor, pero también nos invita a meditar sobre el significado de las palabras que Jesús pronunció mientras estaba clavado en la cruz. Estas palabras son una muestra del amor inmenso que tenía por toda la humanidad y su disposición a sacrificarse por nosotros. En ellas encontramos mensajes de perdón, misericordia y entrega total a Dios Padre. Cada palabra tiene un significado profundo y nos enseña lecciones valiosas para nuestras vidas hoy en día.

Cuarta Palabra de Cristo en la Cruz: “¡Dios mío, Dios mío!, ¿por qué me has abandonado?” (Mt 27,46; Mc 15,34)

Una confesión impactante. La más conmovedora del Evangelio. Algo que nunca podremos entender ni experimentar como Jesús lo hizo en la cruz. Y para evitar cualquier duda, dos evangelistas dan testimonio de ello. Él habla al Padre, lanzando al infinito el dolor incomprensible de su corazón destrozado. No podemos comprender completamente lo infinito, pero sabemos que un abandono sin límites sacude su alma. ¿Cómo es posible? Porque el abismo ilimitado de su perdón supera incluso el equilibrio cósmico.

El amor de Jesús en la cruz trasciende infinitamente el sufrimiento humano. En ese acto de sacrificio, vemos cómo se reconstruye la unidad al ofrecerse a Dios. Solo cuando amamos profundamente podemos comprender esta lógica de entrega total. Estamos dispuestos a darlo todo por aquellos a quienes amamos, buscando siempre la unión y el bienestar del otro. La unión se manifiesta como una generosidad absoluta y libre. El Padre no escatimó ni siquiera a su propio Hijo amado. ¿Cuánto nos ama Él, incluso siendo nosotros ingratos y egoístas? Para abrirnos un espacio en Su divino seno, la Trinidad sufrió desgarro y dolor inmenso.

La misericordia total. En ese momento de silencio, en esa oscuridad, en esa noche, encontramos nuestro lugar. La soledad de un corazón nos asegura la compañía eterna. Aunque no podamos comprenderlo completamente, escuchamos y guardamos silencio…

Quinta Palabra: “Tengo sed” (Jn 19,28)

En esta quinta de las 7 Palabras de Jesús en la Cruz, encontramos un anhelo desesperado: sed. Es como el deseo ardiente de una cierva que busca agua fresca o el anhelo del místico que intuye la gracia en medio de la oscuridad. Es también el sentimiento del ser humano cuyos sueños se han marchitado por falta de satisfacción. En este momento, Dios nos enseña a no rendirnos, incluso cuando parece que ya no hay esperanza.

¿Qué sentido tiene suplicar por agua cuando estamos al borde de la muerte? ¿Es acaso válido seguir pidiendo ayuda? Sin embargo, Cristo lo hace y con Él toda la humanidad cansada. No nos damos por vencidos nunca realmente. Incluso en los momentos más difíciles, es entonces cuando se libera un torrente inmenso a punto de estallar desde nuestro interior. De su corazón brotará esa corriente abundante y refrescante prometida: el agua viva.

Este acto final demuestra nuestra perseverancia ante cualquier fracaso aparente y nos recuerda que siempre hay esperanza incluso en los momentos más oscuros.

Jesús anhelaba que llegara el momento de la Cruz, donde su sed se convertiría en un manantial. En ese instante ocurre el milagro de la misericordia. Yo también tengo sed, una sed constante que nunca logro saciar por completo. He contemplado grandes cuerpos de agua, pero siempre me abruma su magnitud. Hoy solo suplico un sorbo de paz, algo tan pequeño pero tan necesario. Que este sorbo encuentre su lugar dentro del inmenso deseo del Hijo de Dios.

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Sexta Palabra: “Todo está cumplido” (Jn 19,30)

Comienza un nuevo día. El sol asoma en el horizonte y solo desde la Cruz se puede apreciar su luz. La Cruz es como el puesto de vigilancia, desde donde Jesús observa a toda la humanidad. Aunque aún no se ha difundido la noticia, Él ya sabe que el amor ha triunfado. La misericordia ha dictado su juicio y ahora todo es posible para aquellos que aman sinceramente, adoran con espíritu y llevan consigo el símbolo de la Cruz.

El Amén de Dios también es el Amén del hombre en este momento crucial. Se ha sellado un pacto, uno definitivo. La última palabra ha sido pronunciada, pero no será realmente la última; más bien será la primera. Ningún hilo se ha deshilachado hacia lo absurdo.

Así pues, las palabras dichas por Jesús en la Cruz tienen un significado profundo y trascendental para todos nosotros. Nos invitan a reflexionar sobre el poder del amor y la misericordia divina, así como a llevar siempre con nosotros los valores representados por ese sacrificio supremo: fe, esperanza y redención.

En conclusión, las palabras pronunciadas por Jesús mientras estaba clavado en esa cruz son una muestra inigualable de entrega total al servicio del amor divino hacia toda la humanidad.

De manera misteriosa, todo converge hacia la vida. El poderoso “hágase” del Génesis se alinea con el urgente “ven pronto” del Apocalipsis. Todo ha sido realizado. En el punto culminante de la historia, María pronunció las palabras: “hágase en mí”. Y nosotros continuamos suplicando: “Que se haga tu voluntad en la tierra como en el cielo”. Deseo que lo que ha sido cumplido también se cumpla en mi vida. No quiero quedar excluido de su realización. Que estas palabras sean también un veredicto sobre mí. Amén

Séptima Palabra: “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu” ( Lc 23,46 )

La última de las palabras que Jesús pronunció en la Cruz también representa su cercanía definitiva. Fue una entrega total y sin reservas, llena de confianza plena. En ese acto se manifestó la mayor libertad, verdad y amor. Jesús nos mostró el camino al entregarse por completo. Nadie puede tener un amor más grande que este. Ser espíritu implica poder entregarse completamente. El espíritu da sentido a nuestra existencia terrenal. Al entregarnos al Padre, cerramos cualquier ciclo posible y encontramos la verdadera felicidad.

Aunque pueda parecer que la esperanza agoniza en esos momentos, tenemos certeza porque ya vislumbramos la ofrenda y visión futura. La misericordia no es vacío ni renuncia, sino un acto de donación y recreación constante.

Todo renace. La vida es posible. La Cruz representa entrega, misión y esperanza. El último aliento de Jesús en la cruz es el eco del primer soplo divino que dio vida a Adán. En ese momento, nace un nuevo ser humano en nosotros. El Espíritu Santo sopla donde quiere y ha decidido hacerlo aquí, convirtiéndonos en el aliento de Dios mismo. A través de Él, podemos dar ánimo al mundo incluso en sus momentos más difíciles.

Nuestro Cordero Pascual ha sido sacrificado para siempre y ahora comienza el banquete celestial prometido por Dios desde antiguo.

Este texto refleja las palabras pronunciadas por Jesús mientras estaba crucificado y su significado trascendental para nuestra fe cristiana.

El significado de las últimas palabras de Jesús en la cruz

Las palabras que Jesús pronunció en la cruz tienen un profundo significado y nos revelan su amor inmenso por la humanidad. Una de las frases más impactantes es: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?” Esta expresión de dolor y angustia simboliza el sacrificio supremo que Jesús estaba dispuesto a hacer para ofrecer redención a todos nosotros.

1. “Dios mío”: Con estas palabras, Jesús reconoce su relación íntima con Dios Padre y muestra su confianza en Él incluso en medio del sufrimiento extremo.

2. “¿Por qué me has abandonado?”: Aunque parezca contradictorio, esta frase no implica una verdadera separación entre Jesús y Dios Padre. Más bien, refleja el peso del pecado que cargaba sobre sí mismo mientras experimentaba la muerte física.

3. El abandono aparente de Dios: Al decir estas palabras, Jesús también está cumpliendo una profecía bíblica (Salmo 22:1) que habla sobre el Mesías siendo desamparado por un momento para llevar nuestra carga pecaminosa.

4. La identificación con nuestro sufrimiento: En este grito desgarrador, Jesús se solidariza plenamente con nuestras experiencias de sentirnos abandonados o alejados de Dios debido al pecado o circunstancias difíciles.

5. El propósito redentor: A través de sus palabras en la cruz, Jesús muestra cuánto estaba dispuesto a soportar para brindarnos salvación y reconciliación con Dios.

6. La importancia del perdón: Estas palabras también resaltan la necesidad imperante de perdonar a aquellos que nos han herido o abandonado, siguiendo el ejemplo de Jesús.

7. La victoria sobre la muerte: Aunque en ese momento parecía que Dios había abandonado a Jesús, su resurrección posterior demostró que la muerte no tenía poder sobre Él y abrió el camino para nuestra propia esperanza de vida eterna.

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8. El cumplimiento de las profecías: Al citar el Salmo 22, Jesús muestra cómo todas las Escrituras apuntaban hacia su sacrificio y redención.

9. La invitación al arrepentimiento: Estas palabras también nos invitan a reflexionar sobre nuestras propias acciones y buscar un cambio genuino en nuestras vidas para acercarnos más a Dios.

10. El recordatorio del amor incondicional: En última instancia, estas palabras nos recuerdan cuánto nos ama Jesús y hasta qué punto estaba dispuesto a llegar por nosotros, incluso cuando sentía una aparente separación con Dios Padre.

En conclusión, las palabras pronunciadas por Jesús en la cruz tienen un significado profundo e impactante. Nos revelan su amor inmenso por nosotros y su disposición de soportar cualquier dolor para ofrecernos salvación y reconciliación con Dios.

Las 7 palabras y su ¿Cuáles son?

Las “siete palabras” son las últimas frases que Jesús pronunció durante su crucifixión antes de morir para salvar a la humanidad del pecado. Estas palabras están registradas en los evangelios y tienen un profundo significado espiritual. A continuación, se presenta una lista de estas siete palabras:

1. “Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen.” (Lucas 23:34) – Jesús pide perdón por aquellos que le crucificaron, mostrando su amor incondicional y misericordia.

2. “En verdad te digo hoy estarás conmigo en el paraíso.” (Lucas 23:43) – Jesús promete al ladrón arrepentido que estará junto a él en el reino celestial.

3. “Mujer, ahí tienes a tu hijo… Ahí tienes a tu madre.” (Juan 19:26-27) – Jesús confía el cuidado de su madre María al apóstol Juan mientras está en la cruz.

4. “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?” (Mateo 27:46) – En este momento de gran angustia, Jesús experimenta la separación temporal de Dios Padre debido al peso del pecado humano sobre Él.

5. “Tengo sed.” (Juan 19:28) – Con esta frase simple pero poderosa, Jesús muestra su humanidad y necesidad física mientras enfrenta la agonía de la crucifixión.

6. “Todo está cumplido.” (Juan 19:30) – Al decir esto, Jesús declara que ha cumplido completamente su misión redentora al pagar el precio final por nuestros pecados.

7. “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu.” (Lucas 23:46) – Jesús entrega su vida a Dios Padre y muestra su confianza absoluta en Él incluso en el momento de la muerte.

Estas siete palabras pronunciadas por Jesús en la cruz nos enseñan sobre el amor incondicional, el perdón, la compasión y la entrega total a Dios. Son un recordatorio poderoso del sacrificio supremo que hizo por nosotros y nos invitan a reflexionar sobre nuestra propia relación con Dios y cómo podemos seguir sus enseñanzas.

Las palabras de Jesús en la cruz

En la cruz, Jesús pronunció varias palabras significativas que revelan su profundo amor y entrega por la humanidad. Estas palabras tienen un gran significado y nos invitan a reflexionar sobre el sacrificio de Jesús por nosotros.

1. A Dios, su Padre: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”. Con estas palabras, Jesús expresó el sentimiento de abandono que experimentó al cargar con los pecados del mundo. Nos muestra su total identificación con nuestra condición humana y su disposición a enfrentar el castigo en nuestro lugar.

2. A todos: “Tengo sed.” Esta frase aparentemente simple revela la humanidad de Jesús y también puede interpretarse como una metáfora espiritual. Muestra su deseo ardiente de saciar nuestra sed espiritual y ofrecernos vida eterna a través de él.

3. Al mundo: “Todo está cumplido.” Estas poderosas palabras indican que Jesús ha llevado a cabo completamente la obra redentora para la cual fue enviado al mundo. Su muerte en la cruz marca el fin del antiguo pacto y abre las puertas hacia una nueva relación entre Dios y la humanidad basada en la gracia.

4. A Dios: “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu.” Con esta oración final antes de entregar su último aliento, Jesús demuestra una confianza absoluta en Dios Padre incluso hasta el momento mismo de su muerte física. Es un acto supremo de rendición total ante la voluntad divina.

Estas palabras pronunciadas por Jesús mientras estaba clavado en la cruz son profundamente significativas e ilustran tanto su amor incondicional por la humanidad como su entrega total a la voluntad de Dios. Nos invitan a reflexionar sobre el sacrificio que hizo por nosotros y nos animan a seguir su ejemplo de amor, confianza y rendición ante Dios.

El mensaje de la cruz: ¿Qué nos enseña?

En la cruz, Jesús murió como un sacrificio para expiar nuestros pecados y reconciliarnos con Dios. Su muerte fue en lugar de nosotros, tomando el castigo que merecíamos por nuestros pecados. Fue una muerte penal, pagando nuestra deuda ante la justicia divina. Además, su muerte fue satisfactoria porque cumplió plenamente los requisitos de Dios para el perdón y la salvación.

El mensaje esencial de la cruz es que a través del sacrificio de Jesús podemos recibir perdón y vida eterna. En lugar de enfrentar las consecuencias eternas del pecado, podemos ser perdonados y restaurados en nuestra relación con Dios. La cruz muestra el amor inmenso que Dios tiene por nosotros al dar a su Hijo amado para salvarnos.